Estás cansada. No porque no duermas, sino porque el día nunca baja el volumen.
Te despiertas y lo primero que haces es mirar el teléfono. Desayunas mientras revisas pendientes. Trabajas con varias ventanas abiertas, pasando de una tarea a otra. Llegas a la noche sin haber tenido un solo momento real de pausa.
Más del 60% de los adultos reporta cansancio constante, incluso durmiendo entre 7 y 8 horas. No es falta de sueño. Es acumulación de cansancio.
Dormimos, pero no siempre descansamos
Este es el punto más importante: el descanso ocurre cuando el cuerpo recibe señales claras de que ya no tiene que estar en alerta.
Pero si durante diez horas estuviste respondiendo mensajes, comiendo sin atención, pasando de una tarea a otra sin pausa, el cuerpo normaliza ese estado de alerta constante. Y cuando te acuestas, el cuerpo no suelta la tensión.
De hecho, estudios sobre estrés muestran que el sistema nervioso puede tardar horas en desactivarse, incluso después de apagar la luz.
Por eso despiertas cansada, aunque hayas dormido “bien”.
Dormimos, sí. Pero muchas veces seguimos tensas incluso en la cama.
<< El Descanso es la clave del éxito >>
El cansancio se va acumulando "en lo pequeño"
El cansancio no llega de golpe. Se va sumando en gestos cotidianos que parecen normales:
- comer rápido frente a una pantalla
- pasar muchas horas sentada, con el cuerpo en tensión
- pasar de un pendiente a otro sin hacer una pausa
Un día así no se siente grave. Varios seguidos, sí. Y aquí está lo importante: el descanso se reconstruye con la misma inercia con la que se gasta. En lo pequeño. En lo repetido.
¿Cómo insertar el descanso desde la cotidianidad?
Descansar es bajar el ritmo de forma consciente, sobre todo al final del día.
El descanso empieza incluso antes de dormir. A veces se ve así:
- una ducha tibia, sin prisa
- rodearte de aromas que asocias con calma
- ir a dormir a una cama fresca y ligera, que no interrumpe tu noche
- pasar las últimas horas del día con luz baja y silencio real
- reducir el teléfono; si es posible, dejarlo fuera del cuarto
| Reducir estímulos (luz, pantallas, ruido) 60–90 minutos antes de dormir puede mejorar la calidad del sueño hasta en un 30%. Materiales naturales en la ropa de cama ayudan a regular la temperatura y reducir microdespertares, lo que impacta directamente en cómo amaneces. |